Cádiz, 1982. Para los salvadoreños, Jorge González era la máxima estrella de su fútbol. Mucho tuvo que ver el mago para que la selecta llegara al mundial y aunque la participación de su país había sido desastrosa luego del 10-1 ante Hungría, Jorge había brillado en los tres partidos, incluyendo las posteriores derrotas de 1-0 ante Bélgica (subcampeón europeo) y 2-0 ante Argentina (campeón mundial defensor).
Las multitudes gaditanas esperaban a un mesías del fútbol, que los pudiera catapultar a primera división y permitir que su sencillo equipo jugara de tú a tú con las potencias españolas de aquel entonces: Real Madrid, Barcelona, Athletic de Bilbao, Real Sociedad y Valencia. Y en una ciudad que era conocida sobretodo por su puerto y donde el fútbol a nadie le decía nada , un flacucho salvadoreño descubrió que él y la población gaditana, serían almas gemelas por siempre.




Hace 50 años, el valle de las hamacas parió a uno de sus hijos favoritos: Jorge Alberto González Barillas. Un salvadoreño que nació para vivir la vida a su manera, de una forma peculiar que ni él mismo entiende; pero como hijo del mismo valle de las hamacas, también fue dotado con una habilidad paranormal a la hora de jugar al fútbol, con la que meció una y otra vez a rivales de todas las nacionalidades y tamaños.
Hace un par de semanas, el equipo de Masconazo.com tuvo la grata ocasión de platicar con Jaime la "Chelona" Rodriguez sobre su vida en el fútbol. 



